Un tema que siempre diferenció nuestro país de otras naciones fue nuestra capacidad para llegar a acuerdos, hasta en los momentos más difíciles de nuestra historia nuestros líderes pudieron ponerse de acuerdo y esto fue así porque siempre prevaleció el interés nacional y la defensa de los principios que los inspiraban.

Lo he repetido en múltiples discursos e intervenciones públicas, entre muchas de las frases que se atribuyen a don Pepe hay una que a mí en lo particular siempre me ha impresionado muchísimo y es que cuando se le preguntó porque fue grande la revolución del 48 dijo: “fue grande por lo que hicimos y por lo que no deshicimos”. Con esto último se refería a que se defendió la reforma social del Dr Calderón Guardia entre ella la legislación laboral, contrario a lo que era la idea de un sector de la oligarquía que aspiraba a que fuera derogada.

Un país, una empresa o una familia solo puede prosperar si se alcanzan acuerdos que permitan poner la mirada en un horizonte común y enrumbar la proa de la nave a un destino compartido, lo contrario solo genera confusión, divisionismo y el colapso de cualquier propuesta. Por ello debemos “hacer yunta” para alcanzar ese horizonte y eso implica, apertura mental, capacidad de negociación y claridad de prioridades para que sin sacrificar lo importante, hagamos realidad acuerdos que alcancen casualmente eso que es importante.

Esto que parece lógico y obvio no lo es, recordemos la máxima de que “lo obvio es lo más difícil de ver” pero peor aún hay toda una escuela de pensamiento que busca la consolidación de liderazgos a partir del enfrentamiento social, Moisés Naim lo dice en su obra “La revancha de los Poderosos” y al analizar las tres ps una de ellas es la polarización, de ahí que algunos acuden a ella para dividiendo y levantando odios consolidar el cariño de sus fans. Este es un precio alto para los países. Causalmente el actual presidente Chaves, en campaña decía “yo me compro la bronca” y hoy hago mías las palabras de la diputada Andrea Alvarez: “¿Cuál bronca? Si gobernar un país es alcanzar acuerdos no verlo como un pleito”. Debo reconocer que Chaves ha cumplido y sus acciones en el país han sido generar la bronca con otros poderes, entre sectores y partidos políticos.

La otra parte de esta agenda es ¿Hacer Yunta para qué? Y aquí debemos ser categóricos es: para desarrollar el país, tener crecimiento económico, aumentar nuestros índices de desarrollo humano, pero sobre todo para reducir la tremenda desigualdad que estamos teniendo y que condena a que unos grupos de nuestra sociedad vivan en condiciones muy difíciles, con un futuro por delante de expectativas muy limitadas que si no cambia entraremos en un retroceso social de consecuencias inimaginables.

Para ellos debemos invertir en las transformaciones que nos permitan crear oportunidades, que inician con la educación, para que sea ésta la llave que abra esa puerta de oportunidades, que deberán de completarse con oportunidades en el empleo, oportunidades en la vivienda y oportunidades para todos. La montaña que debemos escalar es aquella que nos va a llevar a un país más equitativo, más igualitario y más justo. Con la reactivación económica y la desregulación promovamos la generación de la riqueza y con un buen gobierno logremos una mejor distribución de ella. Lo seguiré repitiendo necesitamos menos política y más sentido común.

En La Salida. Una historia de lucha, Antonio Álvarez Desanti narra con honestidad cómo un accidente en bicicleta interrumpió de golpe su vida. Lo que comenzó como una pasión por el ciclismo, después de las elecciones de 2006, terminó convirtiéndose en una exigente prueba de recuperación física y emocional.

El libro recorre desde los primeros momentos en el hospital hasta las distintas etapas de rehabilitación: el regreso a casa, las terapias, los pequeños avances y los momentos de desaliento. No idealiza el proceso. Muestra la vulnerabilidad, la paciencia que exige sanar y el valor de apoyarse en la familia.

Más allá del accidente, La Salida es un testimonio de resiliencia. Habla de cómo transformar el “¿por qué a mí?” en un “¿cómo salgo de esto?”. Una lectura cercana y motivadora para quienes enfrentan sus propias dificultades y buscan, como el autor, encontrar finalmente la salida.

A mediados de los noventa me correspondió como diputado presidir la Comisión de Reformas al Sistema Financiero, en ella trabajamos la actual Ley Orgánica del Banco Central, los aportes y dedicación de Ronulfo Jiménez y Allan Thompson fueron fundamentales para avanzar con una propuesta sólida. En mi caso, recién regresado de sacar mi Maestría en Harvard, venía con una fuerte influencia del profesor Alberto Alesina, quien con investigaciones en marcha ya concluía que hay una relación directa entre independencia/autonomía del Banco Central con baja inflación, razón por la cual fui muy celoso de avanzar en la legislación hacia un sistema de banca central fuerte en su autonomía.

El profesor Alesina falleció hace un par de años dejando un gran legado de trabajos de consulta obligatoria, su último libro “Austerity”, redactado con otros dos colegas italianos, concluye que es más exitoso el ajuste fiscal por vía de recorte al gasto que por aumento de impuestos, pero ese es tema para otra oportunidad.

Por esa razón con este artículo no pretendo desconocer la autonomía del Banco Central, quien de paso me parece está en manos de un profesional sólido en la materia, mucho menos pretendo que el Ejecutivo se involucre en las acciones del instituto emisor, más que la única intervención del Presidente Chaves sobre temas cambiarios le costó una suma importante a los más de 500.000 deudores en dólares que no son generadores de esa moneda, al darse una espiral de devaluación producto de su desacertada afirmación de que no había suficientes reservas en el Central producto de acciones del anterior gobierno. Pudo más el deseo de un ajuste político de cuentas personales que la estabilidad cambiaria.

Dicho lo anterior y respetando la autonomía de la entidad si creo que el proceso de aumento de la tasa de política monetaria de 0,75% en diciembre a 9% en octubre a cumplido un ciclo razonable, pero continuar por esa vía va a significar un castigo muy grande para los deudores que ya tienen tasas de interés que desbordan los presupuestos de las familias y las empresas y difícilmente podrán hacer frente a sus obligaciones con esos incrementos imprevisibles.

Por otra parte, aun cuando se habla de un crecimiento de la economía (4,3%) que es mayor al esperado, más aumentos en los intereses inevitablemente van a contraer la producción y aumentar el desempleo, que todavía resulta alto en perjuicio de muchos, pero más fuertemente de jóvenes y mujeres.

Necesitamos menos política y más sentido común, por esa razón siendo urgente controlar el aumento de precios y no siendo recomendable seguir con el ajuste por la vía del Banco Central es importante ver algunas acciones tomadas en varios países europeos:

En Francia el presidente Macrón ha lanzado una fuerte presión sobre las empresas para frenar la inflación la cual ha tenido un resultado positivo, la cadena de Supermercados Carrefour lanzó la campaña “Acciones por el Poder Adquisitivo” y congeló el precio de al menos cien productos por cien días, que incluye aquellos de uso cotidiano que van desde sardinas en lata hasta arroz y detergente, igual acción tomó su sucursal en Bélgica donde incluyó productos no alimenticios como pañuelos, platos y hasta un tipo de plancha. Finalmente lanzó una oferta de mil productos por menos de € 1. Otra cadena E.Leclerc, también congeló un centenar de productos

En Alemania las cadenas de supermercados Edeka y Rewe han dejado de distribuir algunas marcas porque han considerado sus precios irracionales, a ellos se han sumado las cadenas Lidl y Aldi, con ello pusieron una presión enorme sobre sus proveedores que según han señalado algunos voceros del mercado detallista “algunas marcas intentan sacar ventajas de la inflación para cobrar precios excesivos y aumentar sus beneficios”. Estas acciones han obligado a buena cantidad de proveedores a tener que moderar sus precios o ver cerrados sus canales de comercialización perdiendo su cuota de mercado y bajando sustancialmente sus ventas.

La situación mundial nos obliga a volvernos innovadores e ingeniosos y a buscar fórmulas nuevas que puedan ayudar a paliar el terrible aumento en el costo de la vida de nuestras familias, el ejemplo que da Macron y algunas cadenas de supermercados deben servirnos de guía para acciones gubernamentales que recaigan menos en decisiones del Banco Central que golpeen a los deudores y por el contrario obligue a los participantes de la cadena productiva a sacrificar parte de sus beneficios para aliviar la situación sobre todo de las familias más pobres, que a la vez tienen que cargar con la enorme injusticia de que usualmente por sus funciones no pueden hacer teletrabajo lo que les reduciría costos de transporte, tan importante ahora por el aumento en las tarifas de los autobuses.

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