


El último informe sobre el Estado de la Nación –el noveno- al igual que los anteriores, nos desnuda como un país con importantísimos avances en su historia, pero incapaz de aprovechar de manera adecuada las diferentes oportunidades que en los últimos años se le han presentado.
En un informe anterior se indicó que Costa Rica vive de los réditos generados especialmente en las décadas de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, cuando se dieron trascendentales transformaciones en la vida institucional del país, que han permitido desde entonces mantener una línea de progreso en muchos campos. No obstante, tal y como se advirtió en esa oportunidad, esta situación no es sostenible.
Muchos indicadores establecen que vivimos como un país del primer mundo; otros nos ubican en los niveles de una nación pobre; ¿a qué se debe esta extraña situación?, ¿por qué tenemos una alta esperanza de vida, 78,6 años, pero un evidente rezago en materia educativa?
Una importante causa nos la revela el mismo informe al resaltar que solo el 30% de la población adulta ha llegado a la enseñanza diversificada, lo cual no significa que hayan completado ese ciclo educativo. En contraste, en un país desarrollado el 80% de la población adulta ha completado la educación secundaria.
La educación es la llave que abre la puerta de las oportunidades. Si un porcentaje tan alto de nuestros niños y jóvenes no tienen acceso a la educación secundaria completa, difícilmente alcanzarán un nivel de vida digna. Por otro lado, el país carecerá de generaciones bien preparadas para enfrentar los retos que necesitamos para un crecimiento económico sostenido.
Costa Rica requiere cambios profundos y visionarios para lograr salir del subdesarrollo. Dos son en mi criterio los más importantes y están relacionados con lo que apunté anteriormente: el primero es la educación y el otro, la atracción de inversiones.
Necesitamos a nuestros jóvenes en las aulas. Debemos desarrollar las acciones necesarias para facilitar y propiciar la permanencia de nuestra juventud en los colegios. La educación debe ser de calidad y adecuada a los retos y necesidades actuales. Costa Rica debe realizar un gran esfuerzo económico para lograr este objetivo.
Es necesario que el Gobierno invierta en educación; de esto se ha tomado conciencia en las últimas administraciones. No obstante, pareciera que cuesta dar el paso definitivo que permita a nuestros jóvenes dominar un segundo idioma - el inglés- asimismo prepararles en las técnicas de la informática y de la computación.
También es necesario un conocimiento excelente de nuestro idioma materno y de las ciencias, además dotarles de valores y una actitud emprendedora, agresiva y de apertura con el mundo. Desgraciadamente, la preparación educativa es deficiente, debido a la falta de apoyo y de recursos a nuestro sistema de enseñanza.
Jóvenes preparados con excelencia constituyen el principal potencial de un país. Si esto ocurre, sabremos atraer la inversión extranjera, la de tecnología de punta; ya en este sentido durante el gobierno de José María Figueres se dio el primer paso, sin embargo, no nos podemos quedar ahí, debemos ser más ambiciosos.
No podemos seguir perdiendo más el tiempo, las grandes decisiones deben tomarse ya. Para que esto ocurra es necesario que el liderazgo se manifieste; que nuestras autoridades políticas tomen en serio su trabajo y decidan de una vez por todas cambiar el país.
La situación de estancamiento no puede continuar. Ya son muchos los estudios que nos advierten sobre ella; el noveno informe sobre el Estado de la Nación debe ser la última advertencia. Actuemos por esos miles y miles de jóvenes para quienes las consecuencias serán irreversibles y de condena a la pobreza. Construyamos un país que sí brinde oportunidades para todos.